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Los esfuerzos para negar la responsabilidad del gobierno de George W. Bush indican que la operación se ha vuelto una fuente de problemas, en vísperas del informe que el general David Petraeus, máximo comandante militar estadounidense en Irak, y el embajador en ese país, Ryan Crocker, deben dar ante el Congreso legislativo en Washington.
En Irak, tras una semana de ofensiva por parte de las tropas ocupantes en Basora, la calma parece retornar a esta ciudad del sur iraquí, pero sus habitantes denuncian condiciones de vida deplorables y Naciones Unidas expresó este martes su preocupación por las violaciones de derechos humanos cometidas durante las recientes hostilidades.
Los iraquíes comenzaron a salir nuevamente a las calles de Basora, la segunda ciudad más grande de la nación ocupada. Controlada desde hace 3 años por la resistencia, esta localidad es escenario frecuente de agresiones de parte de colaboracionistas locales con apoyo de tropas invasoras.
Tras el llamado a la tregua, el representante especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para Irak, Staffan de Mistura, expresó este martes su preocupación por las violaciones de derechos humanos cometidas durante las recientes hostilidades en Basora y urgió a todas las partes implicadas a respetar a la población civil, así como a promover el estado de derecho en todo el país.
En un comunicado, el enviado aplaudió el llamamiento del líder religioso Sayed Muktada al Sader a reducir la presencia de fuerzas armadas en Basora y en otros puntos de conflicto en Irak para crear un entorno que propicie un alto el fuego.
Asimismo confió en que el regreso a la calma permita a las autoridades iraquíes, a la ONU y a otras organizaciones acelerar la entrega de ayuda de emergencia en las áreas afectadas.
Por su parte Falih Humoud, jefe de la Media Luna Roja en Basora, explicó que "lo que hemos tenido notificado son los disparos indiscriminados a ambulancias y voluntarios del cuerpo de Basora cuando se desplazan. Por eso es que pedimos que respeten este símbolo".
Bush toma distancia
El gobierno de Bush comenzó a tomar distancia de la ofensiva en Basora el 27 de marzo, cuando un funcionario, que pidió reserva de su identidad, declaró a The Washington Post que el primer ministro iraquí Nuri Al-Maliki "decidió lanzar el ataque sin consultar a sus aliados estadounidenses".
Según la agencia IPS, otra fuente señaló: "No podemos descifrar exactamente qué está pasando", si bien existían muchas "teorías conspirativas" para tratar de explicar las razones por las cuales Al-Maliki actuó de esa forma.
Estas sugerencias acerca de un eventual error de cálculo del primer ministro iraquí son evidentemente falsas. Irak no puede planear acciones militares sin el apoyo del comando estadounidense.
De hecho, el 25 de marzo, cuando la operación en Basora apenas comenzaba, el coronel Bill Buckner, portavoz de las fuerzas de ocupación, dijo que éstas proveían inteligencia, vigilancia y apoyo aéreo a las tropas iraquíes.
Los esfuerzos para negar la responsabilidad del gobierno de George W. Bush indican que la operación se ha vuelto una fuente de problemas, en vísperas del informe que el general David Petraeus, máximo comandante militar estadounidense en Irak, y el embajador en ese país, Ryan Crocker, deben dar ante el Congreso legislativo en Washington.
Washington evaluó erróneamente la capacidad para coordinar una operación militar del Ejército Mahdi, la milicia liderada por el clérigo chiita Moqtada al-Sadr.
Ahora parece claro que su inactividad se debía a que se encontraba en un proceso de reorganización y entrenamiento, y no a que Al-Sadr hubiera abandonado la opción armada o perdido el control sobre los insurgentes.
Basora tiene las mayores reservas de petróleo de Irak. además controla el 80 por ciento de los ingresos petroleros del país, razón por la cual se iniciaron los ataques para retomar el control de la región.
Casi tres millones de desplazados
Según señaló este martes el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), casi tres millones de iraquíes han huído de sus casas desde la invasión norteamericana en marzo de 2003 y otros dos millones se han refugiado en el extranjero.
En un estudio publicado junto con diversas asociaciones y con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), el ACNUR censó 2,77 millones de desplazados en el interior de Irak, declaró la portavoz de esa agencia de la ONU, Jennifer Pagonis.
Esta cifra representa un alza de 300 mil personas, comparado con la situación a finales de 2007, gracias a una mejora en el cálculo, precisó Pagonis.
Después de un aumento de personas desplazadas a principios de 2006, las estadísticas siguen ahora un ritmo más lento, porque las poblaciones son ahora más homogéneas, después de haber sido atacadas según criterios religiosos, indicó la portavoz.
El destino de los desplazados sigue siendo muy precario. Más de un millón de ellos, no tienen ni comida ni alojamiento digno y más de 300 mil personas no tienen agua potable.
(Telesur)
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