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Pía Peñagarikano.- Niños y niñas se visten de blanco para celebrar su primera comunión. Un gasto que en muchas ocasiones desestabiliza la economía familiar. Este año, muchos han optado por pedir prestados los trajes y vestidos, para minimizar los daños que la celebración de la fiesta pueda ocasionar. También se ha mirado con lupa el presupuesto del restaurante y del tradicional álbum de fotos.
Con la excusa de que es “una sola vez en la vida”, las familias majoreras celebran la primera comunión de sus hijos e hijas por todo lo alto. Una cita que habitualmente reúne a toda la familia y para la que no hay que escatimar. Sin embargo, la situación económica obliga a agudizar el ingenio para que los gastos no se disparen. Los vendedores de trajes y vestidos de primera comunión han coincidido en señalar que las ventas han descendido en este año; y es que han sido muchas las familias que han decidido reutilizar el vestuario de amigos y familiares y olvidarse de la compra de unos atuendos cuyo precio puede oscilar entre los 200 y 300 euros un vestido de gasa u organza tipo “princesita” o los 150 euros que cuesta el traje de almirante al que hay que sumar el precio de camisa y zapatos.
En una comunión no puede faltar el tradicional álbum de fotografías para el recuerdo. Niños niñas posan con sus vestidos y trajes que luego ornarán los habituales recordatorios de primera comunión. Las tiendas ofrecen buenos descuentos y presupuestos muy ajustados a la necesidad del cliente, con propuestas innovadoras que incluye la grabación de la celebración en un DVD.
Los restaurantes también han tomado buena nota de la situación económica y ofrecen banquetes que pueden rondar entre los 20 y los 30 euros el cubierto.
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