"Tememos noticias de 80
muertos", aseguró el ministro del Interior del estado de Rajastán, Gulab Chand
Kataria.
Entre los fallecidos figuran
siete mujeres y ocho niños, todos indios.
Las bombas, ocho en total,
estallaron con intervalos de pocos minutos entre cada una, algo que la policía
calificó como un acto terrorista.
"Se trata de un atentado
terrorista. No hubo información" de inteligencia que lo anticipase, dijo a la
televisión el director general de la policía, A.S. Gill.
Además, altos funcionarios
se apresuraron a decir que el ataque tuvo "conexiones con el extranjero", según
denunció el viceministro del Interior del estado, Shriprakash Jaiswal, quien
añadió que el atentado es el resultado de una conspiración muy bien planeada"
cuyo objetivo era calentar los ánimos entre las comunidades hindú y musulmana de
Jaipur.
Siempre que ocurren este
tipo de tragedias, India culpa a militantes islamistas de la vecina
Pakistán.
Otra medida tomada por el
gobierno regional es el cierre de las fronteras del estado Rajastán, cuya
capital es Jaipur, y se ha lanzado una alerta en zonas cercanas.
"Hay paz en la ciudad, nadie
debe preocuparse", dijo Arvind Jain, un alto responsable policial, a la cadena
de televisión NDTV.
Jaipur está ubicada a 260
kilómetros de la capital Nueva Delhi. Es una urbe histórica y tiene una
población de más de dos millones de personas.
También conocida como
"Ciudad Rosa", por el color de los edificios y muros, es uno de los principales
atractivos de India y favorito de turistas extranjeros.
India ha sufrido en varias
oportunidades atentados de esta naturaleza, principalmente atribuidos a grupos
islamistas del estado indio Cachemira.
Cachemira está habitada casi
en su totalidad por musulmanes y desde hace años reclaman su independencia del
resto de India.
En los últimos nueve meses,
un atentado dejó 43 muertos en Hyderabad, otro mató a 6 en un cine del estado de
Punjab y otro, también múltiple, acabó con la vida de 13 personas en tres
ciudades del norte.