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Francisco Cereceda, académico del Departamento de Química de la
Universidad Técnica Federico Santa María, asegura que todos los
compartimentos ambientales incluida la biosfera, son afectados por este
fenómeno natural que mantiene en ascuas a cientos de familias que
debieron abandonar sus hogares.
El panorama en la zona afectada por la
sorpresiva erupción del volcán Chaitén, que expulsó sobre los poblados
cercanos una densa capa de cenizas que obligó a los pobladores a
abandonar sus hogares y trasladarse a otras ciudades, es cada vez más
desolador, y de ello dan cuenta las imágenes que a diario llegan desde
la Región de Los Lagos.
Conciente de esta situación, el académico del Departamento de Química
de la Universidad Técnica Federico Santa María, Dr. Francisco Cereceda,
es claro al afirmar que desde el punto de vista químico, no existe un
sólo tipo de emisión volcánica. Ello, pues “hay humo o ceniza volcánica
que es de carácter básico y en otros casos ácido, dependiendo de cuál
sea su composición química, la que depende del origen del volcán, su
ubicación y geología del lugar, entre otras cosas”, comenta.
Así, el Director del Centro de Tecnologías Ambientales (CETAM) y Dr. en
Química Ambiental explica que normalmente las emisiones de la columna
de humo de los volcanes “poseen grandes cantidades de material
particulado de diferente tamaño, el cual contiene manganeso, cobre,
zinc, plomo, óxidos de potasio y calcio, así como sílice, aluminio y
fierro, estos tres últimos elementos muy abundantes y típicos de la
corteza terrestre. Por otra parte, también es bastante rica en
compuestos gaseosos, como ácido sulfúrico, ácido clorhídrico, amonio,
dióxido de azufre y carbono, vapor de agua y ácido sulfhídrico,
responsable normalmente del típico olor a huevo podrido que tienen las
zonas donde hay volcanes. Adicionalmente hay casos donde se emiten
elementos halogenados como boro, bromo y flúor, los cuales suelen ser
muy tóxicos e irritantes”, dice el académico.
¿Los efectos? Cereceda explica que “durante el proceso de explosión y
erupción, obviamente se emiten gases y partículas (cenizas). Las
partículas pequeñas (< PM10) contenidas en la ceniza volcánica son
inhaladas con facilidad, la mayor parte se aloja en la mucosa nasal y,
dada su naturaleza abrasiva, causan inflamación. Algunas llegan a las
vías respiratorias bajas. Este fenómeno inflamatorio se manifiesta con
síntomas como irritación en la garganta, escurrimiento nasal,
obstrucción nasal, tos, flema y en casos extremos en pacientes con
enfermedades respiratorias crónicas se presenta dificultad para
respirar y broncoespasmo de menor a mayor intensidad”.
Agrega que “los gases tóxicos como los compuestos halogenados, los
diferentes ácidos y el amoníaco son muy irritantes para las mucosas
oculares, nasales, la garganta, y sobre todo en aquellas personas que
tengan afecciones bronco-respiratorias. Por último, en el caso de la
presencia de metales pesados como manganeso, cobre, zinc o plomo, entre
otros, cada uno de ellos presenta una toxicidad diferente, por lo tanto
se requieren estudios adicionales para establecer los efectos que los
metales pesados pueden ocasionar en la salud de la población. Estos
efectos no son solo en humanos sino también se producen en los animales
y vegetales expuesto en la zona del desastre”.
Por su parte, “la contaminación atmosférica local que produce el volcán
está relacionada directamente con los problemas de salud causados por
la inhalación de material particulado en suspensión y gases conteniendo
gran variedad de compuestos químicos, muchos de ellos tóxicos y/o
irritantes, el fenómeno de lluvia ácida que puede ser un problema de
carácter trasfronterizo (llegar hasta Argentina) y sus consecuencias
sobre la interacción del aire con el suelo, el agua y la biósfera”,
aclara Cereceda.
Sin embargo, no todos son perjuicios. “Hay experiencias de erupciones
volcánicas que han producido beneficios, por ejemplo en la agricultura,
la ceniza y los materiales piroclásticos pueden convertir los suelos en
extremadamente fértiles y permitir a los agricultores obtener
abundantes cosechas, en lugares donde inicialmente no existían buenas
posibilidades de cultivos. Por esto es muy importante caracterizar
químicamente la naturaleza de las emisiones que han salido del volcán
Chaitén y los efectos ambientales que ya se han producido sobre el
ecosistema de la zona del desastre”, finaliza el académico de la USM.
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