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Los Derviches de El Cairo, máximos representantes actuales de
las danzas sufíes tradicionales, representarán su colorista espectáculo,
titulado 'Del callejón al escenario', en la Sala de Cámara del Auditorio de
Tenerife mañana, a las 21.00 horas, con las entradas agotadas. El grupo nació
como tal en el año 2001 con el fin de salvaguardar y difundir la música
tradicional y popular egipcia y, especialmente, las danzas sufíes.
Actualmente , esta formación cuenta con más de 40 miembros
entre bailarines y músicos. Su fuerza y su portentosa capacidad de concentración
en la danza, así como la brillante interpretación de la música y los ritmos de
trance, que a gran velocidad producen vértigo y alegría, les ha convertido en
poco tiempo en uno de los conjuntos de mayor proyección dentro y fuera de su
país.
'Del callejón al escenario' es un espectáculo de danza sufí
pero al estilo egipcio, que se distingue de la turca en que la falda del
bailarín pesa casi once kilogramos, lo que añade complicaciones adicionales. La
música del espectáculo se interpreta en vivo con los instrumentos tradicionales
de Egipto, como la rababa, el nay, el dof, el sagat y el tar.
El origen histórico de este tipo de danza, en Egipto, pertenece
a los seguidores de las sectas sufíes místicas desde que esa danza era una parte
de las ceremonias religiosas populares que conmemoraban los cumpleaños de sus
santos imams. Estos grupos de bailarines y de músicos realizaban el Zikr,
movimientos rítmicos del cuerpo durante la recitación de los panegíricos en la
alabanza del profeta Mohammad. La danza sufí consiste, esencialmente, en girar
sobre el propio eje facilitando estados alterados de conciencia y de éxtasis
místico, “Miréis donde miréis el rostro de Dios existe”, se dice en el
Corán.
Girar para vencer la muerte y la oscuridad, girar para
elevarse, girar para ponerse en contacto con los principios de la propia vida y
las leyes universales subyacentes, girar para soñar que son soles, planetas y
astros errantes que giran buscando a Dios.
En sus giros, los derviches se identifican con el movimiento
rítmico de todo cuanto existe, desde el ínfimo átomo a los planetas que gravitan
en el universo, pasando por la propia vida humana y sus circunstancias. Todo
cuanto existe en el universo, sean elementos, astros, plantas o animales,
incluyendo al ser humano, son componentes de un sistema viviente mayor. Y ese
movimiento suele ser circular, no sólo por la tendencia a completar ciclos sino
por su tendencia a lo entero. Por eso, si se quiere participar de la energía
universal uno de los métodos es girando.
Los derviches usan, además, el giro de su danza como una forma
de meditación en movimiento. La mano derecha se coloca extendida hacia lo alto
con la palma mirando hacia el infinito, la mano izquierda se dirige hacia la
tierra. De esta manera el bailarín se convierte en un mediador entre el cielo y
la tierra. Lo infinito y lo finito se vacía para ser un canal energético que
recibe la energía, por su mano derecha, que desciende del mundo celestial, y
llevarla a la tierra, por su izquierda, para distribuirla a los demás. En este
rodar rítmico se busca entrar en unión con el todo. Se quiere expresar que en
todas partes está el rostro de Dios.
El sufí es aquel que recorre la senda del amor y de la
devoción, dirigiéndose hacia lo absolutamente real. Cree que el conocimiento de
lo real sólo está al alcance del hombre perfecto y que el hombre imperfecto está
impedido para alcanzarlo en razón a su propia imperfección. El sufí considera
que el hombre común, con sus imperfecciones, sufre una enfermedad que hace que
su percepción y su discernimiento sean constantemente erróneos. Por tanto, la
gente ordinaria distorsiona su concepción de la realidad, debido a su misma
imperfección, e inconscientemente se extravía.
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