La vida de aquel amigo de César Vallejo tiene signos, además, de haber sido un
crisol de bondad y de servicio a los demás, pero en cuyos actos heroicos y
decisiones trascendentales se ve la mano, el magisterio y la talla grandiosa de
quien sabe dejar principios en el alma y de quien sabe inspirarlos como fue y es
César Vallejo.
Por ese amigo Vallejo luego escribió aquel himno inmortal:
Miliciano de España, voluntario
de huesos fidedignos, cuando
marcha a morir...
Vallejo no solo cantó el himno a los voluntarios sino que su
mejor amigo se enroló en las filas del ejército republicano como miliciano de la
República Española, fue fusilado y su cuerpo arrojado a una fosa común.
Creo plenamente que ese amigo cuando se decidió a entregar su
vida por esa causa pensó en Vallejo y Vallejo guió su corazón hasta ese acto
heroico y hasta esa proeza grandiosa plena de virtud y compromiso humano. Fue él
quien donó a Vallejo el pasaje de ida a Europa.
2. La amistad que le
inspiraba
Fue el amigo con quien César Vallejo viajó a Europa el 17 de junio
del año 1923 para no regresar físicamente nunca más.
Ese amigo no era un intelectual, no figura en la nómina de los
ilustres, no tiene obra publicada, no es del coro de los dioses; sólo es aquel
que acompaña, el que toma la fotografía y nunca es fotografiado con el grupo, el
que lleva y trae las cosas.
Es el que ama, el que quiere, quien siente la fascinación de lo
que los otros valen. Es el íntegro, el cabal, el que se sacrifica por los demás.
Este rol es de una pureza absoluta.
Por eso creo que en la decisión de Julio Gálvez de alistarse como
voluntario de la República estaba el magisterio de Vallejo. Que Julio Gálvez
decidió ir a la guerra como un voto a la amistad que le inspiraba ese ser
callado y pensativo que era César Vallejo.
Y, mirado desde otra orilla este es el amigo por el cual apostó
Vallejo, a través de quien vio mucho más allá de lo que los demás veían. Que
supo entenderlo y supo proyectarlo. La decisión de Julio Gálvez de tomar las
armas era una decisión pro Vallejo.
3. ¿Quién era ese
amigo?
¿No es hermoso cuando en la vida de un hombre lo que predica se
cumple? César Vallejo no solo cantó sino que luchó en la guerra civil española y
perdió la vida en batalla.
Él murió el 15 de abril del año 1937 en París, consumido,
agotado, arrebatado de fiebre porque se consagró a la causa del hombre. En ese
lapso escribía artículos, boletines, poemas.
Pero hay un seguidor, hay un hombre que se alista y muere y su
cuerpo desaparece al ser arrojado a una fosa común. Ese amigo es Julio Gálvez,
quien fue su enlace con el mundo de afuera cuando él estuvo refugiado en la casa
de Antenor Orrego perseguido por la justicia y después cuando estuvo preso. Con
esa persona él viajó a Europa en el barco “Oroya”.
4. El amigo
servicial
¿Quién era ese amigo? Era Julio Gálvez Orrego, sobrino del gran
amauta Antenor Orrego, un muchacho con gran sensibilidad para el arte y las
letras, quien formaba parte del grupo de amigos que se reunían para hablar de
arte y cultura en los cafés de Trujillo. Pero sobre todo era un hombre que
buscaba ser útil y servir a sus semejantes.
Cuando César Vallejo se encontraba refugiado de la justicia y de
la policía que lo perseguía para apresarlo, escondrijo que lo consigue en el
recinto denominado «El predio» en Mansiche, Trujillo. Julio Gálvez le proveía de
la comida y le llevaba y traía libros y todo material de lectura y
escritura.
Ello era así a fin de librarse de la orden de captura que pendía
sobre el poeta debido a los sucesos ocurridos en los días posteriores a la
fiesta patronal de Santiago de Chuco, el 1 de agosto de 1920, y que tuvo como
desenlace el incendio y saqueo de la casa Santa María.
En aquella oportunidad es Julio Gálvez quien actúa como el enlace
con el mundo de afuera, quien trae y lleva recados, quien introduce la comida y
quien asiste servicial y acomedido al amigo en trance tan difícil.
5. El amigo
servicial
Otra anécdota de esta honda amistad es la siguiente:
El año 1916 se organizó un concurso literario en Trujillo con
motivo del centenario del fallecimiento del libertador de Trujillo, el marqués
de Torre Tagle, convocado por la Municipalidad. El premio era de mil
soles.
El jurado estaba integrado por miembros del círculo identificado
como el “Mentidero Público” que odiaban a Vallejo y lo habían atacado hasta por
la prensa, conocían cada una de sus palabras, sus giros verbales, su espíritu.
De quien se cuidarían más, a fin de que no fuera a presentarse y ser el ganador,
era de César Vallejo.
César Vallejo por picardía convino en escribir una composición
como para el gusto del jurado y, dentro de ese orden, que tuviera buena factura
de tal modo que fuera capaz de ser seleccionada y ganar el premio, cuidándose
para ello de eliminar todo rasgo que lo fuera a delatar. En esta historia, ¿en
dónde entra Julio Gálvez? En que él presentó la obra, con su seudónimo y en el
sobre con su nombre.
6. Un sustituto
La composición titulada Fabla de Gesta (Elogio al Marqués de Torre
Tagle) terminaba así:
Tú, la sangre de España, que se embarcó al Misterio
en
velas de coraje, pecho de par en par,
tú regresaste al fondo de la gran raza
hispana
valor cuajado en bronce y amor en libertad.
Se presentaron muchos trabajos, pues se decía en aquella época
que todos en Trujillo eran poetas. La larga versificación Fabla de Gesta fue
unánimemente seleccionada y obtuvo el máximo galardón. Se entregó públicamente
el premio a Julio Gálvez Orrego de manos del abogado propietario del bufete que
lo había convocado, el Dr. Meave Seminario.
Al día siguiente cuenta Antenor Orrego, como director del diario
“Reforma” publicó una nota de Julio Gálvez en donde aclara a la comunidad que la
composición ganadora no le pertenecía, que era en realidad creación del poeta
César Vallejo Mendoza, habiendo actuado él solo como un sustituto a fin de darle
imparcialidad al evento y que iba a entregar públicamente a su autor el monto
total del premio.
Imaginémonos lo que un hecho como este puede suscitar en una
ciudad pequeña: el encono, por el lado de los que habían sido burlados y, por
otro, las burlas que un hecho como el referido producía en sus contendores; de
un lado la indignación y de otro el festejo y la celebración.
7. Con ese amigo viajó a
Europa
Fecha bien conocida y precisa es el día 17 de junio de 1923 cuando
César Vallejo parte rumbo a Europa a bordo del vapor «Oroya», cumpliendo un
anhelo largamente acariciado, cual es el de llegar a París, señuelo donde todo
artista veía cumplidas sus aspiraciones de estar en el filamento más rutilante
de la inteligencia y de la sensibilidad universales.
¿De quién iba acompañado? ¿Con quién iba César Vallejo en ese
barco en la cabina de tercera clase, es decir bajo la línea de flotación? Iba
acompañado de ese amigo cuyos restos fueron a parar después a una fosa
común.
El viaje a Europa de César Vallejo es también parte de una huída
para librarse de la persecución que se le había tendido por los sucesos del 1 de
agosto de 1921, ocurridos en Santiago de Chuco.
Acerca de cómo se gestó y se concretó este viaje hay diversos
testimonios, todos ellos coincidentes en señalar la actuación de Julio Gálvez
Orrego, contertulio del “Grupo Norte» integrado también por César Vallejo.
8. Con él viaja César Vallejo a
Europa
Luego de los meses de tensión como requisitoriado y otros tantos de
prisión que sufrió César Vallejo en la cárcel de Trujillo, Julio Gálvez Orrego
en marzo de 1923 conoció la noticia de que le correspondía recibir una herencia
por la muerte de su padre en Cajamarca.
Lo más pronto que pudo solicitó que a cuenta de dicha herencia se
le expidiera un pasaje para viajar a Europa. Se gestionó entonces a nombre suyo
un boleto de viaje de primera clase, que luego cambió por dos boletos de tercera
a fin de hacer posible que viaje al mismo tiempo y en el mismo barco su amigo
César Vallejo.
Julio Gálvez lo hizo conociendo la situación de riesgo que sufría
el poeta por haberse reabierto la causa por la cual estuvo preso, hecho que lo
condenaba a ser otra vez encarcelado.
Es así que el 17 de junio de 1923 ambos amigos se embarcan en el
vapor «Oroya» que zarpó desde el puerto del Callao, siendo Francia el país al
cual arribaron.
Lo dice Luis Alberto Sánchez cuando apunta:
«Él dividió el pasaje de primera a Europa que le obsequiaron
sus parientes al declararse la herencia paterna, con Vallejo, de lo que
resultaron dos pasajes de tercera y un hambre de primera».
9. El no elegido
La amistad, de la cual se sospecha mucho en una sociedad tan dada a
no creer en lo bueno, a desconfiar de todo, qué importante este ejemplo de la
hermandad entrañable entre Julio Gálvez y César Vallejo.
Julio Gálvez es el hombre servicial, aquel que no figura, que no
aparece, que no ama la publicidad.
Julio Gálvez es el devoto ingenuo, candoroso. Era el débil y el
desvalido, de quien todos se olvidan, que no aparece en la lista de los amigos
célebres, que no aparece en las fotografías porque aparentemente se retiraba, se
ponía a un lado o era quien las tomaba.
No era el intelectual pro-activo y afanoso, el que tiene
iniciativa. Es el hombre que se sabe no elegido por los dioses; es el hombre
servicial, que sabe querer y sabe admirar. Y reconocer a quien sí lleva puesto
el laurel de la victoria en la frente, aunque nadie todavía lo vea, lo sepa o lo
note, como era el caso de César Vallejo.
10. Comeremos piedrecitas
Respecto al asunto que venimos tratando Juan Larrea, tan suspicaz
en todo, cita el testimonio de Armando Bazán, explicando que ello concuerda
plenamente con sus recuerdos:
«En marzo de 1923 le anunciaron de Trujillo que su abuela
materna, (aquí hay cierta imprecisión respecto a lo que dice Luis Alberto
Sánchez) al morir, acababa de dejarle una pequeña fortuna. A esa ciudad fue
inmediatamente. Y mientras se seguían los trámites pertinentes, tuvo noticia de
las maniobras judiciales que se estaban haciendo allí para perder a su amigo
César Vallejo. A cualquier precio obtuvo por eso un adelanto de su herencia y
regresó inmediatamente a Lima. Empezaba el mes de junio. En dos semanas
pusieron, él y Vallejo, sus asuntos en orden. La noche del 22 del mismo mes,
cenaron alegremente, junto a algunos amigos, en un chifa de Capón, y el 23 al
atardecer, tomaron el Oroya».
«Acostúmbrate a comer poco, que en París comeremos
piedrecitas»
Le dijo en esa oportunidad César Vallejo a su amigo, prediciendo
lo que les ocurriría después.
11. Pura y real
hermandad
Los dos amigos ya en París viven en una penuria económica atroz.
César Vallejo y Julio Gálvez debían turnarse para dormir en una
misma cama en un «hotelucho que apestaba a rancio, a mugre, a encierro, a
lobreguez», como lo recuerda Luis Cardoza y Aragón, quien iba con Alfonso de
Silva a buscarlos.
En razón de todo ello se ha tratado de echar un poco de sombras y
levantar una especie de leyenda negra en torno a la persona de Julio Gálvez
-¡cuando no!- el joven trujillano.
Juan Larrea, quien lo conoció bastante es quien sale con firmeza
y hasta indignación a aclarar estos supuestos injustos para más bien, lleno de
admiración escribir:
«Por haber tratado a los dos asiduamente, aunque mi
intimidad como es lógico fuese más honda con Vallejo, puedo dar fe de que Julio
era un muchacho de lo más decente y discreto que en múltiples ocasiones forzó mi
admiración por la dignidad y estoicismo moral con que capeó sus auténticas
hambres y demás apreturas.
Pero hay hienas que todo lo ensombrecen y
convierten en carroña, quizá porque son tan carentes de verdaderos sentimientos
que no conciben ni aceptan que pueda haber pura y real hermandad."
12. El cariño
prístino
¿Si los que estuvieron cerca enfatizan lo positivo y auténtico, cómo
entonces desde lejos lanzar tanta ruina?
Y prosigue Juan Larrea respecto a Julio Gálvez, expresando:
"Nunca le vi rebajarse ante nada ni ante nadie. Sobrio o en
copas -casi siempre por necesidad- lo vi en toda ocasión comportarse y
reaccionar como hombre de bien. Nunca supe de ninguna «debilidad» suya en ningún
orden de cosas. Modesto y mal equipado para defenderse en la vida, a César le
fue siempre fraternalmente leal y dispuesto en su favor al sacrificio. Por él
adquirí un concepto del hombre peruano medio que nunca nadie superó y que por lo
general no alcanzó a la misma talla. Cuando se trasladó a Madrid, aceptó allí
una muy subalterna función en un Centro de Estudiantes latinoamericanos. Sostuvo
abnegadamente a su compañera enferma, y tengo entendido que en 1936 actuó
heroicamente de camillero, hasta sucumbir nunca pude saber bien cómo… Bazán se
ocupa de él con una simpatía que, a mi juicio, a él mismo lo
enaltece.»
Hasta en esto César Vallejo es absoluto, en saber acoger y saber
encumbrar, sin que le importe en absoluto la voz de los chacales. Ese amigo
“débil” es un héroe, un paladín y un gladiador frente a las pulgas, gorgojos y
cobardes de siempre.
Tengo la certeza de que en él es el cariño prístino a César
Vallejo para viajar juntos a Europa y en quien piensa cuando se alista a
combatir en la guerra por los más caros ideales del hombre entregando su
vida.
13. Devoción por lo
auténtico
El 4 de julio de 1937 César Vallejo asiste en España al Segundo
Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que se
realiza en Barcelona, pero algunos como César Vallejo piden pasar a Madrid que
está siendo bombardeada en ese momento.
En esta ciudad encuentra a Julio Gálvez con quien se estrecha en
un abrazo interminable. Y en llanto, en el cual se agolpan los días pasados en
Trujillo, el caminar extasiado por las calles sonámbulas de Lima, el compartir
la brisa salada e incierta del mar en el viaje a Europa, las horas dulces y
amargas de limpio cariño pasadas en París.
Julio Gálvez trabajaba en un hospicio en las afueras de Madrid,
se alistó como voluntario de la Guerra Civil Española y viste su uniforme de
miliciano. Días después es capturado por los franquistas y fusilado. Y su cuerpo
arrojado a una fosa común.
Su vida aureolada del sacrificio y la devoción por lo bello y lo
auténtico se pierde en el misterio.
Germán Padrón Candela, Director del Instituto Vallejiano, de la
Universidad Nacional de Trujillo, en la revista Norte Nº 5 editada a cargo de
dicha organización, publica un artículo titulado «Máscara de cal», donde
sostiene que César Vallejo logró encontrarse con él en el año 1937, en Madrid.
Julio Gálvez se había alistado en el ejército de la República Española y César
Vallejo y al no poder hacer lo mismo por el agotamiento que ya tenía, escribe en
esas circunstancias las primeras estrofas del Himno a los voluntarios.
14. Un símbolo
Patrón Candela textualmente dice:
«...podrá verter en palabras inmortales su profundo dolor
dedicándole al miliciano Julio Gálvez Orrego, fusilado en Madrid por las tropas
franquistas, las primeras estrofas del Himno a los voluntarios de la República»
del libro España aparta de mí este cáliz, que dicen:
Voluntario de España, miliciano
de huesos fidedignos,
cuando marcha a morir tu corazón,
cuando marcha a matar con su
agonía
mundial, no sé verdaderamente
qué hacer, dónde ponerme; corro,
escribo, aplaudo,
lloro, atisbo, destrozo, apagan, digo
a mi pecho que
acabe, al bien, que venga,
y quiero desgraciarme;
descúbrome la frente
impersonal hasta tocar
el vaso de la sangre, me detengo,
detienen mi
tamaño esas famosas caídas de arquitecto
con las que se honra el animal que
me honra;
refluyen mis instintos a sus sogas,
humea ante mi tumba la
alegría...»
Julio Gálvez, el amigo discreto y callado, es un símbolo en la
vida de César Vallejo.
15. Su propia
moral
Julio Gálvez es una suerte de doble cuando Vallejo le hizo firmar los
versos que eran suyos y que fueron remitidos al concurso de la Municipalidad de
Trujillo, en donde el sentido es como decirle tu firma es mi firma.
Cuando César Vallejo se encuentra perseguido las manos de Julio
Gálvez son las propias manos de Vallejo que le proveen de comida.
Encarcelado en la penitenciaría los pies de Julio Gálvez que van
y que vienen con los recados son los propios pies del poeta encarcelado.
En el viaje que él arregla y juntos parten hacia Europa las alas
con que él vuela son las alas con que unge a su amigo César Vallejo.
En París es su estómago y sus pulmones que sufren el mismo frío y
la misma hambre que sufre César Vallejo.
Y él se convierte definitivamente en su propia alma, en su propia
conciencia, en su propia moral y en su propio corazón al dar su vida por la
República Española.
16. ¡Presente!
Por eso, así como en nuestras vivas y consignas invocamos a todos los
héroes de “España, aparta de mí este cáliz”, a Pedro Rojas, a Ramón Collar, a la
Juana Vásquez.
Así como llamamos con toda convicción a Georgette, a quien contra
viento y marea Capulí ha empezado a reivindicar.
Así como está en nuestras marchas y caminatas y vigilias Luis de
la Puente Uceda, el brazo práctico de César Vallejo, está con nosotros.
Junto a todos ellos con igual convicción y entusiasmo digamos a
partir de ahora:
¡Julio Gálvez Orrego!
¡Presente!
¡Julio Gálvez Orrego!
¡Presente!
¡Julio Gálvez Orrego!
¡Presente!