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Algunas de las historias siguientes
tratan de experiencias vividas.
Otras las escuché brevemente
y que al no poder ubicar una versión
escrita las he redactado a mi modo.
Otras aguardan todavía para ser escritas.
QUIENES
HABLAN
AL FINAL?
1. La vida
En una reunión de personas importantes se enfatizaba acerca de la
importancia de unos y otros desempeños humanos, de unas y otras profesiones. Los
discursos de los diversos representantes de los gremios de trabajadores y
profesionales eran entusiastas.
El primero en hacer uso de la palabra fue el Decano del Colegio
de Abogados quien hizo sentir que sin ellos no se tendrían ni aplicarían leyes
ni normas, ni habría una vida civilizada y quizá muchos tampoco estarían
presentes en esa sala, si es que faltaran tales dispositivos jurídicos.
Luego habló fue un dirigente conspicuo del Colegio de Ingenieros,
quien señaló que la casa que los albergaba, los transportes que los habían
traído al lugar y el funcionamiento mismo de la ciudad y de los servicios en uso
era la obra de los ingenieros: civiles, arquitectos, electrónicos, sin los
cuales la vida casi sería inimaginable.
2. Viable
Al hacer uso de la palabra el médico expuso a su favor razones
que no fueron menos convincentes, haciendo sentir a la concurrencia que sin la
actuación de los galenos, muchos de los que hoy lucían saludables y optimistas
estarían quizá ya muertos o postrados por invalidez en sus camas.
De igual modo, el representante de la milicia expresó que la
seguridad de la cual gozaban todos en ese preciso momento, la paz tan anhelada
siempre era efecto de la actuación de las fuerzas armadas y policiales, sin cuyo
concurso la vida sería difícil sino imposible.
En fin, hablaron muchas otras personas, entre ellos un
periodista, un sacerdote, un artista, desprendiéndose de cada una de las
intervenciones que sin la actuación de esos profesionales la vida misma corría
el riesgo de no ser viable sobre la faz de la tierra.
3. Nobleza
Todas las áreas de trabajo y actividades humanas tuvieron su
panegirista. Y estaban a punto de concluir con las intervenciones cuando alguien
descubrió a un hombre modesto, que no había dicho nada antes, aunque seguía el
curso del desarrollo de la reunión con una expresión atenta y encantada.
Al parecer, por su actitud, se sentía dichoso y feliz. Le
pidieron entonces que dijera algo. Puesto de pie tenía una sonrisa dulce y
amable que iluminaba todo su semblante.
Agradeció la deferencia que le concedían, expresando que estaba
absolutamente de acuerdo con todo lo que había dicho cada uno de los oradores. Y
que se sentía verdaderamente complacido porque eran importantes las obras de
cada sector y que se habían enfatizado en cada una de las reseñas.
Expresó que estaba admirado de la nobleza y satisfacción que
sentían por lo que cada uno realizaba con nobleza.
4. Dignos y
felices
Sin embargo, a continuación preguntó de este modo:
– Ya que me han pedido que hable, y de lo que se trata es de
resaltar la labor de las diversas actividades humanas, pregunto a todos ustedes:
¿Existirían abogados, ingenieros, arquitectos, militares, médicos y demás
trabajadores profesionales sin el concurso y la dedicación de los
maestros?
– ¡Nos hemos olvidado de ellos! –dijo uno.
Todos se miraron y asintieron con la cabeza:
– A todos nos han formado nuestros maestros.
– Ahí está claro.
Es obra de ellos, ¿no es cierto? Pero ahora les explicaré por qué yo estoy
contento –les dijo.
– ¡Explíquenos, por favor!
– Yo soy maestro. Y estoy satisfecho y feliz porque compruebo que
cada uno de ustedes se sienten plenos, realizados y llenos de honra por lo que
logran y por lo que tienen. Sólo si es así los maestros tenemos el derecho de
sentirnos dignos y orgullosos.
5. Es muy cierto
– Solo así es que cabe que sintamos que hemos cumplido bien con
nuestra misión en la vida.
– ¡Siempre un maestro será respetado! –gritó uno.
– ¡No siempre! Porque si en vez de valores ocurriera lo
contrario, es decir: si no hubieran ciudades ordenadas, si no hubiera seguridad
en las calles, si las leyes no se cumplieran ni respetaran, los derechos y la
salud más bien fueran algo que se extrañe, si hubieran políticos corruptos,
venales y tránsfugas, entonces los maestros habríamos fracasado y en vez de
reconocimiento mereceríamos ser condenados.
– Verdaderamente lo que usted expresa es muy cierto –dijo el que
presidía la mesa.
Algunos más lo expresaron y muchos otros lo asintieron.
6. Los que hablan al
final
– Es por eso que pido me dispensen de no haber hablado al
principio, ni antes de ver cómo avizoran su labor cada uno de los profesionales
de las distintas ramas. Por eso, siempre será en estos casos que los maestros
hablemos al final.
– Felizmente estamos progresando en todo.
– Ahí está. Porque antes de ufanarnos de lo que somos y
merecemos, tenemos que esperar para ver cuales son las obras y las actitudes de
los demás.
– Todo por ahora marcha bien.
– Solo conociendo los resultados veremos si verdaderamente los
maestros valemos la pena.
– ¡Vivan nuestros maestros! –gritó alguien.
Entonces todos prorrumpieron en largos y fuertes aplausos. Y se
fueron poniendo uno a uno de pie todos los concurrentes. Emocionados, sí. Muy
emocionados.
ººººº
LA AVECILLA
EN
LA
VENTANA
1. Visión
Se jubilaba un viejo maestro e iba a recibir el homenaje de sus
alumnos de hoy y de ayer, quienes se habían reunido para brindarle digno y justo
reconocimiento.
Toda su vida se afanó porque sus clases estuvieran llenas de
interés y sabiduría. Se desvelaba hasta altas horas de la madrugada y meditaba
antes de su exposición, a fin de lograr que sus palabras calaran y trasuntaran
todo aquello que más podía iluminar y ser útil a sus alumnos.
Quería, ya en la clase final de su carrera hacer la síntesis de
todas sus lecciones, de su visión de la vida y de su doctrina educativa.
Quería en esta ocasión exponer un cuerpo de ideas riguroso y con
el suficiente poder de alcanzar el mayor significado posible. Y ojalá de valor
permanente para su expectante auditorio.
2. Toda una vida
Había pasado largas noches escribiendo las frases de lo que sería
su última disertación.
Había vuelto una y otra vez sobre una oración, hizo múltiples
cambios en la estructura de este y el otro párrafo. Se ocuparía esta vez de la
esencia de su filosofía y el fundamento de su metodología. Por fin la había
podido formular teóricamente en los pliegos escritos que una y otra vez había
tenido que rehacer.
Ahora, reunidos ya todos en el amplio auditorio, tenía limpias
sus cuartillas y aunque la jornada había sido agotadora se sentía contento y
hasta jubiloso.
Antes de subir al estrado repasó por última vez en su mente el
significado profundo de la verdad que iba a exponer este día.
El público estaba igualmente ansioso de escuchar otra vez al
maestro egregio. Había expectativa por el discurso que aquel iba a desarrollar.
Se sabía de antemano que iba a ser memorable. ¡Síntesis de síntesis de toda una
vida consagrada al ideal de la educación!
3. Límpido y
cristalino
Ya puestas en el atril las hojas escritas levantó el rostro lleno
de paz y de serenidad a su auditorio. Y contempló a sus alumnos de generación
tras generación, paseando su mirada por el salón colmado, henchido y
fervoroso.
Iba a empezar a leer sus cuartillas cuando apareció un pajarillo
y se posó en el alféizar de la ventana iluminada por el sol de aquella mañana.
La avecilla brincoteó a lo largo del umbral y luego sacudió sus alas esparciendo
en mil gotas la luz del mes de julio.
Por el vano del ventanal se veía arriba extendido el cielo añil y
sereno donde bogaban las nubes blancas.
El pajarillo empinado sobre sí mismo cuanto pudo lanzó su gorjeo
libre, feliz y espléndido.
Luego, moviendo su cuerpo diminuto que reflejaba sus plumas en
tornasol corrió a otro balaustre.
Gorjeo por última vez su canto límpido y cristalino. Y voló hacia
el espacio sideral.
4. Verdad y
belleza
El maestro se había quedado contemplando conmovido y fascinado el
accionar y el canto de la avecilla.
De aquel embeleso participó todo el conjunto del auditorio.
Luego que el pajarillo hubo volado hacia el cielo azul, el
maestro dobló sus cuartillas, cerró su cartapacio y dijo:
– Dios ha dado la clase magistral esta mañana. Y ha sido como
siempre magnífica. Porque al mismo tiempo hemos visto la verdad, que siempre es
sencilla, la alegría del canto de la vida y la belleza síntesis de todas las
virtudes. En todo ello al maestro solo cabe ser el mediador de la sabiduría, si
la realidad se lo permite; indicador de la belleza cuando es necesario,
correspondiéndonos solo señalarla reverentes y enseñar a adorarla. La clase por
consiguiente ha terminado.
Todos se pusieron de pie y aplaudieron al maestro larga y
fervorosamente.
ººººº
PRIMERO
SER
LIMPIOS
1. Cerebros
Era un acontecimiento extraordinario. Se había nombrado ya a un
nuevo Director General del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo de
la Educación, INIDE.
Esta era una institución constituida de no menos de 500
trabajadores, creada el año 1972 para impulsar el proceso de la Reforma de la
Educación Peruana, que puso en marcha el Gobierno Revolucionario de la Fuerza
Armada del Perú.
Consecuentemente, era un organismo constituido por «cerebros» que
avizoraban la visión y trazaban el plan estratégico de la educación; definían
los objetivos de los diversos niveles, áreas y especialidades.
En ella se investigaba sobre diversos y complejos aspectos de la
realidad educativa, se capacitaba maestros y se elaboraba material didáctico con
propuestas innovadoras, se acopiaba, procesaba y difundía la información más
relevante sobre educación en el mundo contemporáneo.
2. Retos
La política en sus diversas tendencias y la ideologización del
personal académico, administrativo y técnico era extrema. Las discusiones no
dejaban de ser apasionantes, las rectificaciones a ésta o la otra corriente o
postura de pensamiento o escuela pedagógica constituía el orden del día.
Se disentía con ardor acerca de conceptos y hasta de la
pertinencia de una u otra palabra para definir un aspecto o proceso de la
realidad.
Sin embargo, aquella mañana se esperaba que la Dirección General
de la institución se presentara y fuera también lo más brillante de la
inteligencia de la educación peruana en ese momento.
Como cabía esperar, habría de tener una posición coherente, una
trayectoria incuestionable y un compromiso político correcto. Y, sobre todo,
planteamientos pedagógicos de punta, sorprendentes si se quiere, como cabía
alentar en los nuevos tiempos para afrontar los retos del presente y del futuro
en torno no solo a uno sino a todos los asuntos concernientes al quehacer
educativo.
3. Hizo uso de la
palabra
Habían ocurrido cambios sorpresivos producto de un terremoto
político que sacudió toda la estructura del Estado. Esto producía aún mayor
perspicacia.
El día lunes se anunció una concentración de trabajadores en la
explanada más amplia del local institucional.
En ella se presentaría el nuevo Director General con su equipo de
flamantes directores de los órganos de línea.
La curiosidad era grande. Felizmente, con exactitud, a la hora en
punto anunciada, se hicieron presentes las nuevas autoridades.
Apareció el recién nombrado Director General: un hombre delgado,
pulcro, con una sonrisa atenta y ojos chispeantes detrás de unos lentes de
vidrio blanco.
Leída la Resolución de su nombramiento y luego del protocolo de
su presentación el nuevo Director General hizo uso de la palabra.
4. Sin cultivar
– Queridos trabajadores –dijo–. ¡Sé de su valía! y vengo a unirme a
ustedes para poner mi contribución ayudando a elevar la calidad de la educación
en nuestro país. Quiero decirles en primer lugar que mi despacho siempre estará
abierto a todo aquel que tenga una inquietud, un proyecto, un problema o un
asunto por resolver.
“Ayer domingo y anteayer sábado ya he estado trabajando en mi
nueva oficina en éste nuestro local, a fin de conocerlo mientras ustedes
descansaban en el fin de semana con toda justicia y toda razón.
“Hay dos aspectos que me han llamado la atención en esta sede que
es de ustedes y ahora también la siento mía.
“En primer término quiero decirles con sinceridad: me ha dolido la
asquerosidad de los servicios higiénicos. No es concebible en una institución de
maestros y para maestros.
“En segundo lugar, las paredes están lastimosamente sucias.
“Y, en tercer término, me ha sorprendido el amplio espacio lleno
de polvo y de hierba y de tierra sin cultivar.”
5. Se merecen
Y prosiguió:
– “¿Qué enseñamos si los baños y servicios higiénicos son
inmundicias? ¿Qué belleza si los muros son pintas y mugre indigno? ¿Qué
educación si los caminos a las escuelas y los campos son basurales?
“Por eso vamos a empezar entonces con tres asuntos que me parecen
de la mayor importancia:
“Uno. Mejorar y mantener limpios los servicios higiénicos, porque
no es posible que estén en las condiciones en que están. Vamos a comprar y poner
espejos en cada uno de ellos. Y cuidar para que siempre estén limpios. Vamos a
poner jabones y el papel higiénico que ustedes, como los maestros que nos
visitan, se merecen.”
6. Gusto y honor
– “Vamos a pintar el exterior de los pabellones y el interior de
las oficinas con colores primorosos y cuidar su permanente conservación y estado
de limpieza.
“En los espacios vacíos, donde no hay construcción ni cemento
sembrado, y en donde ahora hay polvo vamos a aprovecharlo haciendo jardines y
huertos para beneficio de ustedes mismos. Ya he dispuesto para que su cuidado
sea atribuido a cada unidad orgánica cercana a dichos campos.
“Y vamos a formar un coro de trabajadores, tanto de aquellos que
cumplen labores académicas como de quienes desempeñan labores administrativas.
Para ello he pedido la colaboración de un hombre entendido en esta materia como
es el profesor Manuel Cuadros Bar, a quien he invitado, está aquí presente y
tengo el gusto y honor de presentarlo ante ustedes.”
7. Un militar
Luego siguió dando orientaciones, normas, indicaciones y detalles
sobre cada uno de esos tres puntos.
Enseñó a cómo usar un lavatorio, un urinario y un excusado.
Enseñó a cómo lavarse las manos después de cada acto que se llevara a cabo en
los servicios. Es decir, enseñó primero a ser limpios.
La mayoría de especialistas y expertos de la educación que
esperaban un discurso ideológico, doctrinario y conceptual. Y, sobre todo, de
consignas, lleno de planteamientos arduos y complejos, teníamos la boca
abierta.
Ese director no era un maestro de profesión. Tampoco era un
profesional de las humanidades ni las artes.
Era un militar del Ejército del Perú: el General de División,
cuzqueño de nacimiento, don Marco Fernández Baca.
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