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Uno es el fin de la hegemonía absoluta de EEUU dentro de las potencias. Desde 1989-91 hasta hoy ninguna potencia se atrevía a invadir otro país sin la venia de Washington. Cuando Iraq se atrevió a ocupar Kuwait fue inmediatamente desalojado (1991).
A Moscú, Beijing o Belgrado se les toleró librar guerras internas pero nunca invadir otros países. Ciertamente que Rusia mantuvo presencia militar en Abjasia y Sud-Osetia pero sin librar batallas contra Georgia en el suelo de esta última.
Condoleezza Rice advirtió al Kremlin que ya no estamos en la misma época de hace 40 años cuando sus tanques entraron a Praga. Putin bien podría haberle respondido que tampoco estamos en los años noventas en la cual su país no podía hacer ninguna incursión en sus vecinos. Moscú no tomó ninguna capital extranjera, pero tampoco dejó de hacer un raid militar para haber logrado reconocer la independencia de facto de dos regiones separatistas de Georgia.
El segundo giro es en la cuestión del reconocimiento de nuevos Estados. Las Naciones Unidas ha estado reconociendo la existencia de distintos nuevos Estados sobre la base de las mismas fronteras que estos tenían cuando fueron colonias o repúblicas de una federación.
A pesar que en África hay decenas de nacionalidades que están repartidas entre varios Estados, la ONU solo ha aceptado la existencia de nuevos Estados en base a las administraciones que tuvieron cuando fueron colonias de Londres, París, Lisboa, Bruselas o Madrid. Al único caso africano que aceptaron reconocer su división fue la que hubo entre Etiopía y Eritrea, pues esta última se separó en torno al territorio que antes ocupó la ex colonia de Italia. Aún hoy Somalilandia, la franja norte de Somalia que estuvo antes bajo ocupación británica, no recibe reconocimiento internacional para su independencia.
En el caso del antiguo ‘bloque socialista’ la ONU solo reconoció la independencia de las 15 repúblicas que conformaron la URSS, las 6 que constituyeron Yugoeslavia y las 2 que establecieron Checoeslovaquia. En todos esos 23 casos se exigió que se mantengan exactamente las mismas fronteras que éstas tuvieron cuando fueron repúblicas dentro de sus difuntas ‘federaciones socialistas’.
Esta decisión implicó que, por ejemplo, los serbios de Croacia o de Bosnia no tengan derecho a separarse de esos nuevos Estados o de mantenerse unidos a Serbia. La república Serbia de Krajina es el único Estado europeo que en el último medio siglo fue completamente étnicamente limpiado y todo ello sin mucha protesta por parte de la UE, EEUU o la OTAN.
Por su parte, los chechenos, por más guerras que hayan librado o por más simpatía occidental que hayan conseguido, no podían pedir que su independencia sea internacionalmente reconocida y el Kremlin podía mostrar legitimidad internacional al reprimirlos utilizando el principio de soberanía nacional y defensa de la integridad territorial de un Estado mundialmente reconocido.
Sin embargo, en el 2008 primero EEUU y la UE y luego Rusia han alterado ese compromiso. Cuando Washington y Berlín promovieron la secesión de Kosovo destaparon una caja de pandora. Desde el punto de vista étnico Kosovo tiene más razones de separarse de Serbia que Montenegro, cuya población comparte exactamente la misma lengua, religión, alfabeto y nacionalidad que Serbia. Kosovo está poblado en un 90% por albaneses (el único pueblo no eslavo de todos los que componían la antigua federación de los eslavos del sur ó Yugoeslavia). No obstante, el problema con Kosovo es que éste nunca fue reconocido como una república dentro de Yugoeslavia sino como una provincia dentro de Serbia.
Cuando la UE ampara la secesión de Kosovo quiere consumar el plan de debilitar al máximo a Belgrado para lograr que todas sus antiguas dependencias logren la independencia para querer entrar en la UE y en la euro-zona.
La ONU no ha aceptado a Kosovo ni la reconocerá mientras Rusia lo vete. Esto por más que un quinto de sus miembros le hayan reconocido.
Empero, la cuestión de Kosovo ya ha generado un precedente. Rusia ya reconoció la independencia de facto de Abjasia y Sud-Osetia y luego podría hacerlo con Transdniestria o animar separatismos en Crimea o Ucrania oriental. Armenia podría empezar a pedir que se reconozca al alto Karabaj, república independiente de facto poblada por armenios pero dentro de su vecina Azerbaiyán.
Este tipo de alteraciones geopolíticas causan fuertes tensiones peor también alientan movimientos separatistas (tanto dentro de la propia Rusia, como es el caso de los chechenes), como de los kurdos en el medio oriente o en diversos pueblos nativos en Papúa Nueva Guinea, Birmania, el Sahara, etc.
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